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lunes, noviembre 28, 2022

Paren … paren un poquito…

Lo del Pelao Vade está mal, no hay nada que decir, nada con que empatar…, pero de verdad el descaro está llegando a niveles intolerables. El constituyente mintió… es verdad, pero tiene SIDA; tampoco es que esté sano armando un espectáculo de la nada. Estuvo mal su mentira y, a mi juicio, debería renunciar.

Pero en la vida, creo, al menos se debe intentar ser coherente y lo que leo en redes sociales está lejos de eso: individuos intentando denostar a sectores políticos completos, como si alguien pudiese levantar las banderas de la probidad. Y, hablando de enfermos, Pinochet se hizo el enfermo para que lo trajeran de Londres, según sus seguidores, eso es viveza, chispeza dirá más de alguno.

Hoy el ex ministro Mañalich escribe en twitter:

Entonces, mi amigo, retírese de candidato a senador por la RM, ya que usted salió del primer gobierno de Piñera por adulterar las cifras de las listas de espera y en este gobierno, porque lo descubrieron haciendo lo mismo con las cifras de los enfermos de COVID;

Torrealba con los sobres en efectivo; Pizarro y las asesorías orales de sus hijos; Moreira con el raspao de la olla; Dávalos con la información privilegiada. Sin ir más lejos, hoy Martollel, jefa de campaña de Sichel está siendo investigada; MEO quedó fuera de la campaña presidencial, por ahora, por problemas con la justicia y, podría seguir todo el día…

Decencia, un poco, para los de este y del otro lado, para los de arriba y los de abajo.

Entre tanto, leo una carta del decano de economía de la U de chile, llamando a los economistas a sincerar sus comentarios “técnicos “ sobre un cuarto retiro, por tener en su mayoría conflicto de intereses.

Seamos sinceros quien votó por Sebastián Piñera tiene poca autoridad moral para criticar al pelao Vade, pues son hijos del mismo sistema; uno multimillonario, por los robos, y el otro, haciendo rifas como enfermo de cáncer.

No soy una blanca paloma, no conozco quien lo sea, pero a través de este medio tratamos de develar a cualquiera que cometa un acto ilícito, sin preocuparnos si es de aquí o de allá, eso es lo que uno debe exigirle a la prensa.

Decencia, es el mínimo, pero nos hace tanta falta a muchos chilenos que hacemos gárgaras con los políticos. Aquí es, socialmente, valorado el ladino, el pillo, el vivo, el que se aprovecha de todo, el que pide el IFE sin cumplir con los requisitos, el que solicita gratuidad universitaria cuando tiene los recursos para cancelar, el que no paga sus impuestos y evade o elude, el que no paga el transantiago, porque “no da un buen servicio” y, mucho más. Decencia, cuando criticamos tanto a nuestros políticos que solo son parte de nuestra sociedad; cuando los que tiene la oportunidad de llegar a puestos y cargos de poder repiten rápidamente a formula social aprendida: ser vivo, pillo, ladino, ladrón, mentiroso.  Parecemos no entender que cuando se postula a un cargo, se postula a llevar un peso, una carga, quizás por eso los griegos sorteaban a sus autoridades, pues era realmente una carga, un cargo. Hoy, eso lo vemos sobretodo en nuestro país, donde valoramos lo éticamente incorrecto, que difundimos falsedades por RRSS, que somos partes de campañas de desinformación como la que se está llevando a cabo contra la Convención Constituyente. Es que estamos entendiendo poco y nada de lo que sucede en nuestro entorno.

El planeta se acerca a paso firme a su colapso, el agua será un recurso escaso, la economía deberá ser planificada de acuerdo a nuevos criterios como impacto ambiental, habrá que estimar con seriedad las huellas de carbono, entre otros. Los principios clásicos de la economía ya no serán aplicables, no podremos tener y comprar todo lo que queramos cuando queramos; si, estoy señalando que las libertades individuales serán afectadas, ya no por un Estado en particular, sino por las relaciones entre los gobiernos del mundo. Este nuevo orden será lo menos parecido a cualquier utopía que se tenga, pues estaremos intentado la sobrevivencia de la especie y, ahí no cabe, no funciona nuestra cultura del engaño.

El más pillo, caerá primero, deberemos aprender a decrecer en vez de crecer, a planificar en vez de producir, a sobrevivir en vez de vivir. Es sumamente injusto con las nuevas generaciones, si es que llegamos a tener nuevas generaciones, será muy injusto con los que nunca alcanzaron los privilegios del sistema, porque ya nadie los podrá tener. Pero es lo que hemos construido entre todos, este sistema que premió al colono y lo transformó en élite, el que exterminó al indígena y lo despojó de todo: de su tierra, de su cultura. Una élite que formó a quien roba y,  a pesar de eso, es electo presidente; que corrompe y son condenados a clases de ética; que hace negocios con información privilegiada y sale libre de polvo y paja por ser el hijo de la presidenta; del que abusa de menores de edad y lo mandan escondido a otra ciudad;  que mandó a asesinar a miles de compatriotas y no estuvo un día preso. Eso somos, a veces, no nos gusta mirarnos al espejo, preferimos pelear entre nosotros para ver quién gana en el eterno juego del empate.   

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