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sábado, noviembre 26, 2022

Los condenados de la tierra

Miles de migrantes, la mayoría haitianos procedentes de Chile, han quedado cercados por las autoridades de Estados Unidos y México, a uno y otro lado de la frontera.
La Patrulla Fronteriza estadounidense contiene desde Texas a quienes han llegado hasta ahí después de atravesar el continente. Cerca de 15.000 personas, muchos de ellos ancianos, mujeres y niños, están hacinados debajo de un puente internacional en un campamento donde falta agua, comida, baños y sombra para soportar las altas temperaturas.
En Coahuila, los agentes migratorios mexicanos presionan a los migrantes para que acepten ser detenidos “voluntariamente” y enviados a Tapachula, en el sur del país, cerca de la frontera con Guatemala.


La soga que une las dos orillas del río Bravo fue cortada la tarde del jueves y ya no hay de donde agarrarse para cruzar. Pese a que ya saben qué les espera del lado estadounidense, muchos esperan sobre una pendiente enlodada que baja hacia la orilla.
Algunos, que hablan un precario castellano luego de su paso por Chile, dicen que se arriesgan igual a cruzar porque México no les garantiza ni los papeles, ni la protección ni las oportunidades que buscan.
El agua crece al atardecer y atravesarlo se hace muy peligroso. Aún así, los haitianos atan más fuerte las bolsas, agarran a sus hijos de las manos y se arrojan a las aguas.
Al otro lado, Estados Unidos tampoco les da la bienvenida. El gobierno de Joe Biden empezó el domingo a deportar a su país a miles de migrantes. Unas prácticas “inhumanas”, criticó el enviado especial de EE.UU. para Haití, Daniel Foote, quien renunció a su cargo.
Los agentes de migración mexicanos tratan de convencer a los haitianos que detenerlos en “forma voluntaria” les garantizará agua, comida, techo, servicios médicos y sanitarios y asistencia legal.
Jonas Basel, un haitiano de 31 años que viaja junto a su esposa y sus dos hijas, relató a la enviada especial del diario español El País: “vienen para asustarnos y engañarnos. Está lleno de gente y la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados está colapsada. No voy a encontrar un permiso ni en tres ni en cuatro meses”
Basel dice que le quedan sólo 300 dólares de los 10.000 que juntó en Chile y tenía para el viaje. “Gastamos todo para llegar acá”, señaló.
La mayoría de personas retenidas a ambos lados de la frontera son haitianos que salieron del país expulsados por la inestabilidad política y económica. El país más pobre del hemisferio occidental sufrió en 2010 un devastador terremoto que obligó a miles de personas a empezar un éxodo, principalmente, hacia países de Sudamérica.
La socióloga María Emilia Tijoux, académica de la Universidad de Chile, asegura que durante años los extranjeros consideraron a Chile un lugar interesante para vivir, pero actualmente “hay personas que se están yendo, porque el país produce miedo”, según las entrevistas que han realizado y la información que obtienen de la misma comunidad haitiana.
Para Tijoux, “la sociedad chilena en general evalúa negativamente a las personas migrantes” y “la comunidad haitiana ha sido especialmente castigada y sometida a maltratos y abusos de todo tipo”. Los que se quedan, dice, “saben que deben resistir a un modo de ser nacional y racista”.

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